“YA LO HARÉ CUANDO TENGA MOTIVACIÓN Y ÁNIMO”

Las conductas propias de la depresión se mantienen por beneficios a corto plazo: la inactividad proporciona un respiro ante las tareas que, en un estado de tristeza y apatía, parecen abrumadoras. Sin embargo, mantenerse en esta línea a largo plazo resulta problemático: se pierden fuentes de refuerzo y todo se vuelve más costoso. La evitación de tareas tiene como consecuencia que hacerse cargo de ellas resulte cada vez más costoso e influya en el estado de ánimo. Entrar en contacto con quehaceres, actividades y personas nos permite acceder a momentos de disfrute y refuerzo. No enfrentarse a lo que supone un desafío es también renunciar a la posibilidad de que algo sea o llegue a ser gratificante.

La Activación Conductual se compone de técnicas que parten de la funcionalidad de la conducta depresiva, con el fin de romper el bucle de la evitación y poner a la persona en contacto con reforzadores de acciones concretas. El enfoque es gradual, comenzando con pequeños logros y siempre partiendo del punto de partida en el que se encuentra la persona. Para alguien que no se levanta de la cama, el simple acto de preparar el desayuno supone un logro que merece refuerzo. Lo que sigue a la realización de ciertas tareas a veces incrementa la probabilidad de repetirlas. A estos estímulos consecuencias de una acción que aumentan la probabilidad de repetirla, los llamamos reforzadores.

No hay que esperar a tener ganas para hacerlo, hay que empezar a hacerlo sin ganas, y luego será más probable que esas ganas y energía aparezcan.

Aunque al principio las actividades propuestas no son necesariamente complejas, a veces son simplemente rutinarias, con el apoyo del terapeuta, la persona se irá acercando a esas acciones que tienen un sentido y un valor para la persona (o que lo tuvieron en su momento).

¿Y qué pasa con los pensamientos que se tienen en un estado depresivo? Resulta más probable pensar que las cosas no están tan mal si se observa que las cosas empiezan a ir menos mal. Para ello, hay que probar qué pasa si se hacen pequeños cambios.

La Activación Conductual funciona al intervenir en los procesos en cuestión: reduce el patrón de evitación mantenido por reforzamiento negativo y aumenta actividades que, a su vez, reciben refuerzo positivo, incrementando la tendencia a llevarlas a cabo. El incremento de la actividad expone a la persona a cierta estimulación que desencadena respuestas condicionadas placenteras, elevando el estado de ánimo. Esto es más complicado cuando la persona vive en un entorno aversivo. La colaboración de amigos, familiares y compañeros es muy importante.

Los problemas asociados con el término «depresión» exceden la amplitud de este texto. El sufrimiento y su expresión son individuales y varían en cada caso. En este contexto, se ha pretendido simplemente presentar una intervención respaldada científicamente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *